Cuando un monte se quema algo de todos se quema
Amiga Rosa. Hoy tengo el alma negra, como el negro en que se ha convertido las tierras que me vieron crecer y que tanto he estimado a lo largo de mi vida. Tengo el espíritu dolido con todo lo que ha ocurrido y que ha sido pasto de ese fuego purificador que cada diecinueve de marzo quema los malos espíritus en este paisaje que me acoge. El fuego es diferente. Mientras que uno es sinónimo de alegría, fiesta y jolgorio, el que me ocupa y preocupa en este momento es todo lo contrario, es un fuego de muerte, de dolor y de destrucción. Mis montes se han quemado y continúan quemándose orografía adentro. Mis compaisanos de esos muchos pueblos que están confinados o desalojados sufren por sus bienes aunque hayan salvado lo más preciado que tenemos que somos nosotros mismos. Los bienes, dicen, vienen y van, pero desgraciado de aquel al que se le van, nunca sabe si podrá recuperar algo. Mis compaisanos se encuentran en lugares habilitados, en casas de amigos y de familiares a la esper...