Sólo queda una noche, ya descansaremos el día veinte.
Nunca me he alegrado tanto de escuchar un himno de una falla de Burriana como el que acabo de escuchar esta y otras noches de estas fallas porque entiendo que es el momento comenzar a dormir y, es que, cada noche la intensidad del volumen de la carpa que ha instalado la falla Chicharro en el centro de El Pla hace temblar el propio edificio. Acabo de escucharlo y me apresto a conciliar el sueño, hasta que pueda, tenga ganas y/o mis obligaciones personales me lo permitan o, hasta que me dé la gana levantarme de una cama por la que discurre la música que trepa por los cimientos y estructura de un edificio que recoge lo que en el interior de esa carpa suena y que asciende, casi, hasta el infinito. No voy a valorar la música que suena, mejor callarme, pero sí la intensidad de la misma a cuyos oídos de los “bailongos” y resto de vecindario llega con una intensidad digna de ir al otorrino en pasar la semana fallera. La verdad, nunca me he quejado de nada de todo cuanto se hace en ...