Pisen las calles, conozcan a sus gentes y les ayudarán a solucionar sus problemas

 

Hola Rosa, ¿que tal? Si, lo sé. Hace días que no escribo y, precisamente ayer, me encontré con Javi, uno de esos que leen mis escritos y me dijo que a ver que me pasaba que no escribía nada y que, últimamente, solo escribo un articulo al mes mientras que antes lo hacía una vez a la semana.

La verdad es que tiene razón y, ante esa “acusación real” me propuse eSscribir algo en menos de cuarenta y ocho horas y, la verdad es que hoy he encontrado un tema que me sirve para reflexionar y no es otro que hablar de la policía local, ese grupo de funcionarios que todos sabemos que existe y que sólo notamos su presencia cuando nos han puesto una denuncia, como me ha ocurrido hoy a mi y, a continuación expongo el caso.

Eran las 7 y 18 minutos y recibo una llamada en la que me preguntan si era el propietario de un vehículo a lo que respondo que sí y me dijo que lo tenía mal aparcado al haber sido durante el día de ayer día de cambio mensual. La verdad es que se me olvidó. Me dice que por favor lo retire y tres minutos después lo estaba quitando.

En el transcurso de ese tiempo pensé la atención que habían tenido al avisarme para que aparcara bien el vehículo, la amabilidad con que me lo había comunicado, pero ……. Siempre hay un pero.

Cuando llegué al vehículo observé como en el limpiaparabrisas había un papel rectangular de color amarillo y una copia de color rosa que indicaba que me había sancionado y entonces pensé aquello de que mi gozo en un pozo. Todo lo que había pensado sobre el policía se me desmoronó y cambió el concepto de muchas de las cosas que había pensado.

A las 7 i 27 minutos, un poco mosqueado por la situación le devuelvo la llamada. Me había contactado desde un teléfono móvil y le llamo, creyendo que era la oficina de la policía local y le indico quien era y que le agradecía la llamada, pero que lo de la denuncia me parecía un exceso y entonces me responde que me llamó para que, de esa forma, ahorrarme el importe de la grúa.

Sorprendido por lo que me contestó, eso si, con corrección no tuve más remedio que darle las gracias al intuir que estaba poniendo más sanciones por la pregunta que me hizo el mismo número de la policía. La sanción, según consta en las dos hojitas que me dejó en el limpiaparabrisas del coche la puso a las 7’15 minutos.

Y cual es el motivo de mi pensamiento sobre esa policía local que responde a las ordenes de nuestros munícipes gobernantes. Que se han terminado, en términos generales, los policía humanistas, aquellos que paseaban a pie por la ciudad, hablaban con el vendedor de cupones, con el comerciante de la tienda de zapatos o de comestibles y que, además te daban los buenos días y colocaban la valla en la calle los días de mercado y no como hoy que a las diez de la mañana aún no está puesta.

Como persona de letras que soy y de la rama, se supone, de humanidades hecho en falta eso, al policía de proximidad y no al policía mecánico que a bordo de la moto o del coche no hace más que recorrer kilómetros consumiendo energía limpia, nuestro Magnífic tiene los vehículos eléctricos, y sin pisar el pueblo que paga sus impuestos con los cuales cobra a fin de mes.

Y para finalizar me viene al pensamiento una reflexión que en su día me dijeron y que he intentado llevar a la práctica. “Si quieres conocer un pueblo, una provincia o un país y quieres aprender a amarlo, písalo con tus pies”. Pues eso pisen las calles, conozcan a sus gentes y les ayudarán a solucionar sus problemas.


PD. Querida Rosa y Javi, pretendo enmendarme y escribir uno a la semana

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