jueves, 19 de abril de 2018

A recuperar la fe en Sant Gregori


Había perdido la esperanza. Creo que la voy a recuperar un poco después del pleno extraordinario celebrado con motivo del tema de Sant gregori y es que este proyecto, a pesar de todo, es la única esperanza que tiene Burriana para llegar al futuro.

No pude asistir al pleno pero lo seguí a través de un video y es que, nuevamente, lo que ví, oí y escuché me produjo escalofríos al ver los posicionamientos del Partido Popular y de Ciudadanos. Los primeros se abstuvieron y la segunda votó en contra.

Dos posicionamientos diferentes frente a los votos favorables del grupo socialista, Compromís y Podemos, los cuales contaron con el voto favorable del sexto grupo con representación municipal CIBUR.

Digo esto y valoro los posicionamientos con criterio diverso y es que al apoyo directo e incondicional que debería haber dado el PP a la propuesta, tras dieciocho años de recorrido, de los cuales quince han estado gobernados por el propio Partido Popular y en los que no se ha conseguido sacar adelante y todo han sido tropiezos o silencios ante su ejecución, digo pues que, por honestidad con Burriana, deberían haber votado favorablemente la iniciativa que camina, de manos de nuevos inversores, hacia una posible realidad.

El voto contrario de Ciudadanos lo califico como el miedo a tomar una decisión que pudiera tener connotaciones personales y es que con miedo no se puede ir a ninguna parte, máxime cuando los informes técnicos municipales son favorables.

En fin. Una pena que estos dos grupos tuvieran miedo a subirse al carro del futuro de esta ciudad y que puede ser el turismo. Alguien puede pensar que ante tanto tiempo de inactividad, especialmente al Partido Popular, le pueda sentar mal el que salga adelante este proyecto bajo el mandato de ese tripartito que, un día sí y otro también, tanto intentan denigrar, difamar y reclamar proyectos que, ellos, han sido incapaces de ejecutar.

Finalmente está el posicionamiento de las dos representantes de Cibur que han votado, supongo que sin que sirva de precedente, junto al tripartito gobernante convirtiéndose de esta forma en un cuatripartito “gregoriano” frente al ni se sabe y ni se le espera.

En cualquier caso, creo que, parodiando al gran Serrat, “Hoy puede ser un gran día” para esta población que nos acoge y es una lástima que, una vez más, no estemos todos juntos.

Yo, mientras tanto, recuperaré la fe en Sant Gregori a través de dos jornadas de retiro. Hasta pronto.

miércoles, 11 de abril de 2018

Para que esté mejor que ahora, se requiere muy poco.


Todo menos coger al toro por los cuernos. Vengo a decir esto por las nuevas obras que han comenzado a llevar a cabo en El Pla de Burriana. Hace unos meses acondicionaron un trozo, ahora, otro tramo. Justo el que está al lado del que se reparó con anterioridad.

Nuevamente a gastar dinero. Un nuevo parche para arreglar el descosido en que se ha convertido, para las corporaciones gobernantes, el centro neurálgico de esta población que nos acoge y que tan necesitada está de ideas y proyectos que le renueven su imagen y la concepción centrípeta con la que se ha estado trabajando a lo largo de varias décadas, salvo los tiempos inútiles en que hemos sido gobernados por quien ni tenía ideas ni proyectos y que, como Nerón, se dedicaba a tocar la lira.

Digo nuevamente porque, las chapuzas que se realizan en la actualidad, al fin y al cabo no dejan de ser eso, son el preámbulo de ese nuevo socavón que se producirá en los próximos meses, justo al lado de lo que ahora van a arreglar y es que lo que necesita el Pla y la zona centro es una reestructuración global que afecte al suelo, al parking de coches, a los árboles existentes en la zona, al jardín de la Plaça Major, a la calle La Tanda, a la calle Tarancón, a la calle Sant Vicent y también al Raval y a la Terraza Payá. “Quasi res porta la bicicleta”.

Según dicen, entre remanentes, fondos Feder y otros menesteres, dinero hay. Si hay dinero, ¿que es lo que les falta a quienes nos gobiernan para emprender un proyecto que, nuevamente ilusione a sus ciudadanos? Si no tienen bastante, ¿por qué no buscan nuevas fuentes de financiación? O a lo mejor ¿por qué no se endeudan un poquito por el bien de Burriana en vez de endeudarnos “Pa nà”, como hicieron otros?

Me da la sensación que no deja de ser un remiendo, que entre días de lluvia y otros menesteres, las próximas semanas veremos a los trabajadores colocando adoquines sobre esa “arena de la playa” que se pregonaba en mayo del 68 y que, con toda seguridad les hará llegar a mayo del 18 cumpliendo esos cincuenta años que mostrarán el centro de la población igual que estaba en aquel tiempo salvo en que el ficus es más grande, casi han desaparecido los árboles que rodeaban El Pla, las personas no se reúnen en esta zona para “llogarse” y que en el bar de la Olivereta ya no nos tomamos la sepia a la plancha ni “els ximos” con los que cenábamos la noche del domingo.

Eso pues, que deberíamos tener un plan integral para la zona centro que revitalice este lugar que se ha convertido en uno de los más degradados de la población, y si no se lo creen, lo puedo demostrar cosa que no saben hacer los miembros de la oposición que ahora andan pidiendo una consulta popular para decidir si se instala en la terraza Payá un supermercado y un parking. Que populistas se han vuelto los populares y “els dos ciutadans” que tiene nuestra corpopración. Si lo hacen mi voto será favorable. Para que esté mejor que ahora, se requiere muy poco. Cualquier iniciativa siempre será bienvenida.

jueves, 29 de marzo de 2018

El respeto que deberían otorgarnos


En estos días, que unos dedican a la reflexión y otros a la relajación, se escuchan muchas tonterías sobre esas procesiones y manifestaciones religiosas que tanto proliferan por nuestros pueblos y ciudades. Casi todas ellas, amparadas en su derecho a la libertad de expresión, son ataques a la libertad de expresión de quienes participan en ellas y en algunos casos se llega hasta la misma ofensa de quienes toman parte en ellas.

Durante las jornadas que vivimos, cada uno a nuestra manera, se llevan a cabo diversas actividades que recuerdan el pasado de una historia y una cultura que ha forjado, incluso, hasta quienes ahora hablan mal de ella; es la historia hasta de quienes guardan con celo esas fotos de su primera comunión, bautizo y otros acontecimientos familiares que forman parte de su memoria histórica y que, quieran o no, les ha forjado como personas.

Nuestra historia, la del mundo occidental, es la que es y no hay vuelta de hoja. Queramos o no, somos hijos del derecho romano y de la cultura cristiana, aunque apostemos de ella y reneguemos de todo los que huela a ella; podemos practicar o no, pero al menos quienes practican se merecen el mismo respeto que quienes no lo hacen.

Me cansa ver los comentarios en las redes de esa progresía criticona y falsa que se esconde detrás de un laicismo mal entendido o de la falta de respeto al resto de sus desconocidos. Me cabrea leer las tonterías de quienes pregonan la acogida general faltando al respeto a quienes cada día conviven con ellos enarbolando falsas banderas de solidaridad que únicamente son capaces de decir públicamente sin llevar a la práctica ninguno de sus principios, supuestamente, sociales.

Yo, creo en lo que creo. Practico lo que practico y no soy muy amante de grandes profesiones religiosas, ni políticas, ni deportivas. Me interesan más las personas por lo que son que por lo que creen, rezan, leen o practican y es que creo que es más importante el respeto que la diferencia.

Aún quedan varios días de esta Semana que para unos será Santa y para otros no lo será tanto pero de lo que no deberían tener duda es que no todos los que viven esta Santa Semana lo hacen por creencia. Los hay que, sin apenas creer, sienten en su interior las costumbres y las tradiciones que nos han forjado como pueblo y que nos han propiciado la cultura que tenemos y es por ello por lo que participan portando sus imágenes o viéndolas a su paso mientras su corazón palpita a un nuevo ritmo y sus ojos se humedecen al ver el sentir de sus conciudadanos.

Todavía quedan unos días para seguir leyendo esos comentarios ofensivos hacia quienes participamos de cualquiera de las tradiciones de nuestra sociedad más inmediata, pero ello lo conlleva la libertad que tenemos y que les permite a algunos faltar a ese respeto del que ellos disponen y que deberían otorgarnos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Feliz Día de la Poesía

Justo un día después de que mi amigo Eduardo me regalara un libro, me entero de que hoy, 21 de marzo, es el día de la poesía y da la casualidad de  que este libro es de poesía. De un escritor local que destilaba burrianerismo por los cuatro costados y cuya edición, 1989, recoge una parte importante de sus versos.

Y me ha venido bien escuchar la dedicatoria de este día a la poesía y es que quería escribir algo sobre las fallas, la falta de organización, el buen ambiente reinante, la rápida desaparición de las flores de la ofrenda o el desorden y desinterés de algunas comisiones en que la fiesta se promocione, se fomente y se mantenga esta ciudad en las condiciones adecuadas para recibir a los miles de visitantes que durante estos días nos han visitado.

Pero no. Voy a hablar de esa poesía cuyas rimas ha llenado, entre otros los carteles críticos  de las fallas burrianenses; de esas frases que nos han indicado, una y otra vez, que el camino se hace al andar o que Orihuela es tu pueblo y el mío. Esa hermosa forma de expresarse de quienes han ejercido la referida expresión literaria.

Quienes disfrutan de tal Don, nos hablan del mar, la luna y las estrellas, pero también narran las miserias de una humanidad que va rasgando sus más preciadas virtudes como puedan ser la bondad o el amor. Utilizan bellas palabras tanto para narrarnos secuencias llenas de ternura, como aquellas que engendran gran dosis de odio.

El poeta, titular del libro regalado, escribe sobre su población, sus costumbres, sus gentes, sus fiestas y todo aquello que le presuponía un poco de pasión hacia el pueblo que le vio nacer y, al mismo tiempo narraba los hechos y sucesos de la misma:

“De l’hospital en el molí
de l’aigua´l salt, va fer un clot,
i en el meu temps, no hi hagué xicot
que a prendre’l bany no anara allí.
…………………………………..
I de Boiet el seu destí
va trovar tràgic extintor
en un funest engolidor
de l’Hospital en el Molí”

El título del libro no es otro que el de “Obra Poética” de Juan Bautista Tejedo Beltrán, editado hace casi veinte años y cuya edición intentaré conservar para ese futuro sin escribir del que parte de cuyo pasado se recoge en el papel regalado.

Eso pues, que con la primavera recién estrenada, os deseo un feliz día de la poesía.

domingo, 11 de marzo de 2018

Por encima de nuestro sexo


Es sábado por la noche. Llego a casa tras un día agotador en el que mi mayor esfuerzo ha sido ir de boda con mi esposa y unos amigos a celebrar el enlace de la hija de unos amigos comunes a mí y a esos amigos con los que he ido de boda. Llego a casa y nos sentamos a ver la TV, esa antigua caja tonta reconvertida para la modernidad en una delgada pantalla de plasma en la que no dejan de hablar de del tema de la semana, el feminismo.

Tras la primera cabezada, empiezo a escuchar lo que un@s dicen al respecto. Un@s dicen unas cosas y otr@s dicen otras. Defienden unos postulados u otros. Atacan o defienden posturas diversas sobre lo acontecido esta semana respecto de este tema sin llegar a lo que, desde mi punto de vista es un factor importante para salvar un problema inexistente si imperara el respeto más que la tan anunciada diversidad.

Desde mi consideración, más que en las brechas, el problema estriba en el respeto. Y es que nadie somos iguales a nadie. Todos somos diferentes a todos y más que apreciar en la diferencia, tenemos que apreciar en el respeto. Yo puedo admitir la diferencia entre dos personas y, sin embargo, no respetarlo. Yo, particularmente, prefiero que me respeten a que me consideren diferente, cosa que sin lugar a dudas se que soy.

Y, es que, soy diferente a mis hermanos, mis amigos, mi esposa, mis hijos, pero, sin embargo, es en el respeto en donde se encuentra la diferencia y no en la propia diferencia.

Me harto de escuchar las sandeces que un@s y otr@s dicen por la pantalla defendiendo unos posicionamientos u otros y acabo apagando la misma y viniendo a esta otra pantalla a escribir estas palabras que me reafirman en lo que pienso y es que nadie debemos valorarnos por la diferenciación, sino por el respeto que un@s y otr@s nos tengamos por lo que somos, valemos y nos hacemos respetar como personas y, sobre todo, por encima de nuestro sexo.

Mientras, a lo lejos escucho y veo los castillos de fuegos artificiales que en Castelló anuncian que se aproxima el fin de su semana dedicada a las fiestas fundacionales de las que apenas quedan unas veinticuatro horas para su Vitol.

lunes, 5 de febrero de 2018

El momento del tránsito

Llevamos tiempo esperándolo y, aún en este momento en el que escribo estas palabras, seguimos esperándolo y, aunque esté mal decirlo, lo estamos deseando a pesar del dolor y del sentimiento de perder a alguien tan querido y es que no es deseable para nadie, y menos para nuestros seres queridos, ver como la vida nos consume lentamente nuestras energías vitales.

A pesar de todo, las circunstancias son las que son y punto. No hay más remedio que aceptar lo que la vida nos designa, no sé si con resignación o alegría pero puedo confesar y confieso que he tenido suerte en tener lo que he tenido y, confío, que lo que tendré será también positivo y es que el pasado, de cara al futuro, cuenta mucho.

No soy propicio a hablar de mi vida personal pero hoy quiero romper mi mutismo y mi reservada vida para agradecer a mis progenitores lo que soy y lo que seré; quiero afirmar que me considero afortunado de haberles tenido y agradecerles que me tuvieran, con todo lo que ello comporta a ambos lados de la balanza.

Cuando el último aliento de su vida conjunta llegue algo de mi se irá con él y seguramente termine esa fase de protección que siempre tenemos cuando mantenemos en nuestras vidas a alguien delante y es que a partir de ese momento ya nos encontramos desprotegidos.

Al llegar ese momento, sólo tendré que darles las gracias por todo. Por la vida, por los valores que me han inculcado; por la educación que me han impartido y por la formación que me han dado para que sea alguien en la vida. Tendré que agradecer los principios mostrados y esa máxima que aprendí de ellos de que el olvido del rencor es la mejor manera para ser feliz.

No sé si quedan horas, minutos o días pero mi deseo sería el de la brevedad para dignificar el momento del tránsito. Decirle adiós ya se lo hemos dicho toda la familia, sus hijos, nueras y yerno, sus nietos y su biznieta así como los vecinos, sus amigas y todas aquellas personas que la han apreciado que sé que son muchos.

No quería escribir nada porque mi vida es mía y de los míos, pero no me puedo resistir a mostrar mi agradecimiento a la vida y a quienes me quisieron tener y en ese agradecimiento figuran dos personajes importantísimos en mi día a día y que no fueron otros que mis abuelos Josep y Doloretes de Malinxo que fueron capaces de criar a una hija que, biológicamente, no era suya, que nunca ha llevado sus apellidos, ni ella ni yo, y que aunque parezca que hayan sido un poco olvidados, siempre han estado dentro del corazón de todos mis hermanos. Al fin y al cabo eran nuestros abuelos. Lo otro es biológico.

La espera es larga y lenta; cansina; pero es lo que hay y así hay que tomarlo y, mientras tanto, por mi cabeza pasan momentos de mi vida casi olvidados, situaciones nunca contadas y secretos inconfesables que se archivarán en el baúl de esa memoria que a veces nos juega malas pasadas.